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Lois Weber

la primera mujer que filmó un largometraje

 

© Enrique Martínez-Salanova Sánchez


El puntero de don Honorato/Bibliografía/Lecturas de cine/Glosario de cine


  Biografía      

Lois Weber y Phillips Smalley

Lois Weber, cineasta polémica de los primeros tiempos del cine


En un mundo que dificulta y, muchas veces, impide a las mujeres realizarse y desarrollar todo su potencial en actividades interesantes, siempre hay pioneras que rompen moldes y allanan el camino para las que vienen detrás. Alice Guy fue la primera mujer que dirigió películas, en Francia, y la estadounidense Lois Weber, que actuó por primera vez en el cine para un corto del marido de Guy, Herbert Blaché, fue por su parte la primera mujer que dirigió un largometraje, El mercader de Venecia.

Lois Weber vivió, como actriz y directora de cine, a caballo entre dos eras, y pasaba radicalmente de ser una actriz al uso del cine primitivo, dócil y manipulada, a convertirse en directora poderosa de temas polémicos, una especie de ambivalencia de lo que presenta el cine y lo que realmente hay tras su industria. 

Lois siguió sus propios instintos e ideales y rodó películas sobre el aborto y el control de la natalidad como 'Where are my Children?' (1916), la pena de muerte en 'The People vs. John Doe' (1916) o el alcoholismo en 'Hop, the Devil's Brew' (1916). Todas ellas fueron polémicas y grandes éxitos de taquilla.

Fue la directora mejor pagada de la Universal en 1916, y la única mujer con un puesto asegurado en la Motion Picture Directors Association. El director John Ford (La diligencia, 1939, Qué verde era mi valle, 1941, El hombre tranquilo, 1952) fue ayudante de Weber antes de llevar a cabo sus propias producciones. Y en 1927, ella rodó sin que la acreditaran Topsy y Eva o La fildelidad de una esclava junto con Del Lord, uno de los responsables de Los tres chiflados (1922-1970) y el mencionado DW Griffith, autor de la capital El nacimiento de una nación (1915).

Lois Weber, como actriz y directora, retrató en sus películas la tensión que, a inicios del siglo XX, experimentaron las mujeres que quisieron mantener algunas de las tradiciones victorianas, mientras escuchaban los discursos reivindicativos de la New Woman. Lois Weber supo documentar el surgimiento de una nueva psicología femenina, a partir de visualizar de manera compleja y contradictoria la dificultad de hacerse mujer en la era del progreso.

En un mundo donde el brillo del oropel deslumbraba desde la gran pantalla, Lois Weber se empeñó en rodar películas en las que las historias no transcurrían en un escenario de lujo, esplendor o exotismo, sino que mostraban bajo la superficie calmada de los asuntos domésticos las violentas corrientes submarinas de emoción y sentimiento que conforman la vida misma.

Además de que Lois Weber fue la primera mujer que dirigió un largometraje, una adaptación de El mercader de Venecia, en 1914, perdido a día de hoy, fue la primera directora que poseyó su propio estudio de cine, Lois Weber Productions, desde 1917, y la primera, con Smalley, en realizar películas sonoras en Estados Unidos.


“Me gusta dirigir porque creo que una mujer, de un modo más o menos intuitivo, saca a la luz muchas emociones que raramente pueden verse en la pantalla. Puede que pierda algo de lo que consiguen los hombres, pero obtengo otros efectos en los que ellos nunca han pensado.” — Lois Weber


Lois Weber. (1879-1939). Biografía


Información extraída de varias páginas de Internet y de la Enciclopedia del cine de Planeta

Lois Weber nació en 1879 en Pittsburgh, en una devota familia cristiana de clase media, que se percató de que la niña era un prodigio y acabó revelándose como una magnífica pianista. Abandonó su hogar familiar y vivió en la pobreza, dedicándose a evangelizar por las calles de Nueva York y de su ciudad natal y al activismo social como miembro de los Church Army Workers, cantando himnos y tocando el órgano en las misiones de salvación, hasta que el grupo se disolvió en 1900. Esta experiencia le dejó una huella que se nota en su cine.

Regresó a la casa de sus padres, estudió música y, en 1903, comenzó su trayectoria como soprano y concertista de piano, que duró hasta que un accidente con una tecla rota le crispó los nervios y puso fin a sus recitales. Entró en el mundo del espectáculo siguiendo su afán de hacer proselitismo religioso circunstancia y el consejo de un tío suyo de Chicago la decidió a marcharse a Nueva York para labrarse una carrera como actriz: “Como yo estaba convencida de la profesión teatral necesitaba una misionera, sugirió que la mejor manera de llegar a ellos era que me convirtiese en uno de ellos, así que fui a los escenarios llena de un gran deseo de convertir a mi prójimo”, contó. En 1904, con 24 años, Weber se unió a una compañía teatral itinerante dirigida por Wendell Phillips Smalley, un hombre cercano a la cuarentena que había estudiado Derecho en Harvard y ejercido como abogado durante siete años en Nueva York pero que al final había encontrado su vocación en el teatro. Era, además, el primer actor de la compañía. Pocos meses después de que Lois Weber se uniera a la troupe, ella y Smalley se enamoraron y se casaron. Con Phillips Smalley, codirigió Lois Weber un buen número de sus películas.

 Lois comenzó a escribir guiones para las productoras cinematográficas y ese fue el camino que les llevó a entrar en el mundo del cine. Al poco tiempo los Smalleys (que era el sobrenombre con el que acabaron siendo conocidos) entraron a trabajar en la productora Gaumont. Allí comenzaron a dirigir cortos de un rollo, siempre sobre los guiones de Lois y allí coincidieron con Alice Guy Blanche, la que se considera la primera  directora de cine de la historia. No resulta aventurado creer que el ejemplo de Alice Guy y sus consejos sirvieron para animar a Lois a empezar a dirigir sus propias películas. Desde muy pronto fue ella la que figuraba como directora principal y su marido como ayudante de dirección.

Los Smalleys se fueron haciendo un hueco en el mundo del cine. En 1912 les ofrecieron hacerse cargo de la productora cinematográfica Rex, filial de la Universal Film Manufacturing Company  una vez que Edwin S. Porter, que la había dirigido hasta entonces, decidiera abandonar su puesto. Lois y Smalley dirigían al menos dos películas de un rollo a la semana. Esa fue la verdadera escuela de cine de Lois, una en la que ella era la encargada de escribir las historias, diseñar el vestuario y los decorados, montar y dirigir la película (incluso revelando ella misma los rollos) mientras que Wendell se dedicaba a tareas de producción y a ser ayudante de dirección. En muchos de esos cortometrajes de un rollo las protagonistas eran mujeres que afrontaban conflictos y situaciones cotidianas a veces estresantes, como en su película Suspense, donde un ama de casa debía enfrentarse al ataque de un malhechor mientras su marido estaba en el trabajo. Es notable el concepto cinematográfico de la narración que tenía Lois Weber ya que en esta película aparece un recurso muy poco frecuente en estos primeros años del cine: la acción simultánea vista a través del recurso de la pantalla partida.

Poco a poco, los Smalleys comenzaron a atreverse con películas de más rollos. El primer largometraje dirigido por Lois Weber fue una adaptación de la obra de Shakespeare El mercader de Venecia, rodada en 1914. A partir de este momento compaginaron la producción de cortos y de largometrajes hasta que un año después fueron contratados por Hobart Bosworth Productions para que produjeran y dirigieran más largometrajes. Fue en este momento en el que Lois Weber comenzó a hacerse un nombre como directora de cine concienzuda. Una de las películas que rodó para Bosworth tiene el honor de ser la primera en la que en pantalla sale un desnudo completo frontal. Esa película se tituló Hypocrites, fue rodada en 1915 y ya presenta las características principales de las obras de Weber: cuidado y meticulosidad en el diseño artístico, buena dirección de actores e historias que no sólo tuvieran categoría artística sino que incluyeran un mensaje que moviera conciencias.

Ya consolidada como directora de cine y guionista Lois regresa a la Universal. A todas las labores que ejercía anteriormente se une la de responsable de la comunicación y de la publicidad de sus películas. El interés de Weber por los temas sociales se plasmó en una serie de largometrajes que exploraban (por lo general desde una óptica femenina) una serie de temas poco comerciales como la pena de muerte (The People vs John Doe), la adicción a las drogas (Hop, The Devil’s Brew) o la pobreza y la brecha salarial (Shoes). Mientras parte de la crítica la aclamaba por no rodar películas al uso, otra parte la acusaba de sermonear al espectador con historias morales cuando lo que quería el público era mero entretenimiento. Weber se mantenía ajena a las polémicas y seguía ganando prestigio como directora. Tanto que su nombre se citaba junto con el de David W. Griffith y Cecil B. de Mille cuando se hablaba de los directores más importantes de Hollywood. De hecho, la película más taquillera de la Universal en el año 1916 fue una dirigida por Lois Weber y cuya temática era el control de natalidad y el aborto. Where are my children? fue un hito de la industria cinematográfica estadounidense.

Ese prestigio fue, probablemente, el que le hizo decidirse a abandonar la Universal en 1917 y fundar su propia productora, Lois Weber Productions cuya sede estableció en el 4634 de Sunset Boulevard. A pesar de su nueva empresa,Weber negoció importantes contratos de distribución con la Universal, asegurándose de ese modo la difusión de su trabajo. En estos momentos, Lois Weber era el director de cine (hombre o mujer) mejor pagado de Hollywood.

Las películas que Weber dirigió para su propia productora variaron un tanto en su temática con respecto a aquellas que había dirigido hasta el momento. Siguió centrando los argumentos en personajes femeninos pero las tramas (ella seguía escribiendo los guiones de las películas que dirigía) se desarrollaban en ambientes íntimos, por lo general dentro de los hogares (el lugar al que estaba relegado la mujer) y la perspectiva de los acontecimientos estaba marcada por las emociones y los temores femeninos. Su carrera seguía ascendiendo y ella estaba orgullosa de ello, como se muestra en la publicidad (de la que también era responsable) de sus películas: Weber se siente orgullosa de haber realizado The Blot y What Do Men Want tal y como quería ella y no bajo las órdenes de ninguna productora.

La carrera de Lois Weber parecía imparable, sin embargo en 1922 ocurrió algo que significó el comienzo de su declive profesional: ella y Smalley se divorciaron tras casi dos décadas de matrimonio. Algunos autores han defendido la teoría de que Wendell Philips Smalley fue algo más que un mero comparsa en la asociación profesional que mantenía con su esposa, y que eso se demuestra en la rápida decadencia de la carrera de Weber tras el divorcio. Obviamente la relación profesional entre ambos debía ser muy sólida y complementaria, y la separación debió afectar a Weber más de lo que habría imaginado. Pero también debe tenerse en cuenta otro factor completamente ajeno a las relaciones personales. A partir de la década de los años 20 del siglo XX, el mundo del cine deja de convertirse en un negocio residual y alternativo para convertirse en una máquina de fabricar dinero. Es en este momento cuando el cine es ya el entretenimiento por excelencia para el público norteamericano y cuando el nickelodeon para las clases bajas se ve sustituido por las grandes salas lujosas que atraen espectadores con mayor poder adquisitivo. Es entonces cuando la presencia femenina en los puestos importantes de la industria del cine comienza a desvanecerse y el cine se convierte en un negocio masculino. Poco a poco van desapareciendo las mujeres productoras, directoras y quedan, de modo residual, las guionistas o diseñadoras de decorados o vestuario que, muchas veces, ni siquiera aparecían en los créditos. La presencia femenina en el cine se reduce a la interpretación y al brillo de la femme fatale que habría de marcar el cine hasta bien entrada la década de los 50. Tampoco hay que descartar que la temática de las películas de Weber, con sus dilemas morales y sus tramas cotidianas, empezaran a aburrir al público, que exigía más espectáculo y fantasía. Sea como fuere, la que había sido la directora mejor pagada de Hollywood comenzó a desaparecer de la escena.

Aun así, Lois Weber siguió dirigiendo largometrajes. Cada vez más espaciados en el tiempo (quedaban lejos aquellos años en los que ella y Smalley rodaban varias películas de un rollo a la semana para la  Gaumont). Seguia escribiendo guiones basados en protagonistas femeninas, lo que le dio fama de descubridora de nuevos talentos interpretativos como Mildred Harris, una de las grandes estrellas del Hollywood silencioso. Su última película fue White Heat, un drama de amor interracial entre un hombre ambicioso y una nativa hawaiana, rodada en 1934 que tuvo una pobre acogida.

Después de White Heat Lois Weber no volvió a dirigir. Pasó los últimos años de su vida corrigiendo y revisando guiones para la Universal, la productora a la que había hecho ganar una fortuna. Su papel decisivo en la historia del cine se vio ignorado durante décadas hasta que a principios del siglo XXI su figura comenzó a ser revisada por diferentes estudiosos que valoraron su visión de la industria cinematográfica completamente opuesto al que se estableció en Hollywood a partir de los años 20 con el sistema de estudios. A pesar de ser considerada por parte de la crítica como moralista e incluso mojigata por la temática de sus películas, Weber tenía claro que las protagonistas de sus historias no debían ser “muñequitas lindas” presentadas como “arboles de navidad recargados” (en sus propias palabras) sino mujeres inteligentes y con carácter, luchadoras, que deberían enfrentarse al papel que les otorgaban las estructuras sociales patriarcales y las costumbres sexuales de la época.

En la década de 1920 su suerte empezó a cambiar – perdió su compañía, se divorció de Smalley en 1922, y tuvo una crisis nerviosa. Se casó con Harry Gantz en 1926, pero se divorciaron en 1935. Sus últimas películas mudas fueron Sensation Seekers y The Angel of Broadway (ambas de 1927). El último film de Weber fue White Heat (1934), que tuvo una pobre acogida. A partir de entonces únicamente encontraría trabajo como guionista supervisora para Universal.

Lois Weber falleció arruinada en 1939 en Hollywood, a causa de una enfermedad gástrica. Tenía 58 años. No dejó descendencia.

 

Lois Weber con la bailarina Anna Pavlova, en el rodaje de “The Dumb Girl of Portici”, en 1916

The Blot, 1921

Anna Pavlova en el film “The Dumb Girl of Portici.” 1916


Margaret Edwards as "Naked Truth" in Hypocrites

Shoes, 1916

Lois Weber y los valores morales en el cine


Lois Weber había trabajado como activista social en las calles en nombre de la iglesia Evangélica; conocía, pues, la importancia de llegar a la gente e intentó que su cine fuera un trozo de realidad, un medio para sacudir al público, para educar moralmente a los espectadores. En la década de 1910 y, sobre todo, durante los años de la Primera Guerra Mundial, Weber, como afirma Richard Koszarski, «consiguió un éxito enorme combinando un astuto sentido comercial con una rara visión del cine como instrumento moral». De hecho, cuando Hollywood quiso legitimar el espectáculo cinematográfico, entre la burguesía, tuvo que demostrar que las ficciones podían ser algo más que persecuciones o historias de amor: los valores morales emergieron en las producciones más prestigiosas de David Wark Griffith y Cecil B. DeMille, dos directores que en 1915 competían con las producciones de Lois Weber3. También las actrices más populares de la época como Mary Pickford o Mabel Normand intervinieron ideológicamente en las películas que protagonizaron y, fuera de la pantalla, se pronunciaron a favor del intervencionismo del presidente Wilson, en discursos patrióticos o en la venta de bonos para el estado: dentro y fuera de la pantalla, estas actrices dictaron una moral clara de conducta de cómo tenía que actuar el ciudadano norteamericano.

Según Philip C. DiMare y Daniel Eagan, Weber pensaba que el cine podía ser “un vehículo para la evangelización”, “una oportunidad de predicar a las masas”. Lo cierto es que no soy muy amigo de las ideas religiosas, y detesto la propaganda ideológica en el arte pero, al mismo tiempo, procuro separar el análisis del pensamiento que desprende una obra y el de sus valores propiamente estéticos. En el caso de las películas de Su Hypocritescontiene el primer desnudo integral femenino del cine no pornográfico. Weber, no hay duda de que transmitir la moral cristiana era uno de sus objetivos, pero también sus sinceras preocupaciones sociales: contra la pena de muerte en The People vs. John Doe (1916) o sobre la drogadicción y el alcoholismo en Hop, the Devil’s Brew (1916).

Hypocrites (1915) es una nueva versión de la que había escrito para Blaché, una alegoría sobre el tortuoso camino hacia la verdad que critica la hipocresía y los deseos deshonestos de dinero, sexo y poder, que mostró el primer desnudo integral femenino del cine no pornográfico, que contiene una secuencia formidable, con un travelling asombroso, sobre enseñar “la verdad desnuda”, que causó disturbios en Nueva York y todavía sigue prohibida en Ohio. Por otra parte, Where are my children?, 1916, es un controvertido largometraje, funcional y bastante competente, en defensa de la eugenesia y el control de la natalidad y sobre el aborto, en el que aparece un grupo de mujeres que ha tomado las riendas en las decisiones acerca de su maternidad. . En The Blot, 1921, se muestra como una mujer libertaria y en contra de la censura.


Hypocrites


1915. EEUU. 49 min. Muda

Dirección y guión. Lois Weber

Fotografía. Dal Clawson, George W. Hill (B&W)

Reparto. Courtenay Foote (Monje asceta), Myrtle Stedman (La mujer), Herbert Standing (abad), Adele Farrington (reina), Jane Darwell, Margaret Edwards (la verdad desnuda)

Productora. Hobart Bosworth Productions

Sincerely, Lois Weber, firmaba la directora sobre un retrato fotográfico de su figura al inicio de la película Hypocrites(1915), film que dirigió ella sola y que se consideró su hito artístico. Se trata de una patraña moral en la que Lois Weber hace una crítica a la hipocresía de los políticos, negociantes y amantes del nuevo siglo, a través de una visión de un predicador situada en la Edad Media, donde un monje fracasa en el intento de hacer conocer a su comunidad La Verdad desnuda, una figura simbólica que todo el mundo malinterpreta porque aparece totalmente desnuda. Este atrevimiento de Lois Weber de hacer salir una mujer desnuda –que incluso mostraba el cuerpo frontalmente– removió la censura. 

Hypocrites fue un escándalo por todas partes donde se proyectó (el alcalde de Boston pidió vestir el símbolo de la Verdad, solicitando que se pintaran los fotogramas donde salía el personaje desnudo), pero, finalmente, fue un éxito de público y de crítica. Lois Weber no interpretó The Naked True. Seguramente, no osó presentarse desnuda, pero lo cierto es que en alguna revista se escribió que Lois Weber se había atrevido a interpretar en la película al símbolo desnudo de la Verdad. Y, de hecho, no iban tan errados: Hypocrites se puede entender como un manifiesto personal de cómo quería tratar el cuerpo femenino en la pantalla: lejos de quererle dar un sentido sexual –pero utilizando el poder erótico de un desnudo femenino– tradujo la sensualidad de un cuerpo en un concepto moral, en un espacio de reflexión.

Fotogramas de “Hypocrites” (1915) en la que la actriz Margaret Edwards aparece como “la Verdad desnuda”

 


Suspense

Aportaciones de Lois Weber al cine


En Suspense, cortometraje de diez minutos de duración, es una extraordinaria cinta de vanguardia en la que la acción se da a veces en acciones paralelas, a veces utilizando la split screen, un único plano segmentado –en este caso en tres triángulos– que enmarca escenas diferentes. En esta pequeña proeza de suspense, se adivina el placer de la experimentación con el lenguaje cinematográfico, se nota que, en todo momento, hay una investigación meticulosa del encuadre y la planificación. Pese a que la cinta está firmada también por su marido Phillips Smalley, se comienza a delinearla escritura de una cineasta que, posteriormente, y en solitario, siguió demostrando que la precisión era fundamental para relatar con intensidad lo que acontecía en la pantalla. Suspense es un corto absolutamente controlado, una proeza de racionalismo en el uso del montaje analítico que visualiza el estilo conciso de Lois Weber. No es, pues, extraño que ella misma hubiese escrito el guión, de la misma manera que fue la guionista de casi todos los films que «a real director should be absolute»

Está claro que Lois Weber estaba explorando de qué maneras diferentes se podían presentar las acciones paralelas. Otro ejemplo de proeza sintética se detecta en la utilización que Lois Weber hace del picado: primero, vemos, en plano picado, cómo la criada deja la llave bajo la alfombra de la puerta de la entrada y, después, vemos entrar al ladrón en la casa que, visto desde el mismo punto de vista picado, descubre la llave bajo la estera, justo donde la criada la ha dejado. 


© Enrique Martínez-Salanova Sánchez